Quién fue Tomás de Aquino ?

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Tommaso D'Aquino, es el nombre italiano de Tomás de Aquino, y se sabe que nace en el invierno de 1224 y 1225; tampoco se sabe con exactitud el lugar donde nace, pero se cree que fue en la parte central de Italia de donde es originaria su familia o en el sur, que es donde se sabe que su familia pasaba los inviernos. Muere en el 1274 con apenas 50 años de vida. Su padre tenía el título de conde y tenía dos hijos más, uno que heredaría el título, otro que entró en la milicia y a Tomás lo destinaron a la Iglesia, estudió en la famosa abadía de Montecasino, que fue destruida en los famosos bombardeos hechos por los aliados en las “cuatro batallas de Montecasino” en la segunda guerra mundial.

A principios del año 1244 su padre decide sacarlo de la orden pues, por razones políticas, se puso en contra del Papa y mandó sacarlo a la fuerza pues el joven Tomás quería tomar los hábitos de los Padres Predicadores (u Orden de Predicadores). Según la historia sus hermanos lo encierran en una torre con una prostituta, bueno ustedes saben, para tentarlo sin embargo él nunca cedió y dicen que llegó al extremo de defenderse con un tizón de hierro durante toda la noche. Sus hermanos desistieron de lo de la mujer pero lo mantienen encerrado. La historia le llega al Papa y en una carta exige que le devuelvan al “novicio angelical”. La familia (aunque fuera por diplomacia) decide dejarlo ir.

Por cierto el apodo de “Angelical” a Tomás de Aquino lo seguirá toda la vida, primero en broma (yo imagino) lo llamaban el “Fraile Angelical”, cuando lo declaran santo y doctor de la iglesia lo siguieron llamando el “Doctor Angelical”, aunque ya muchos en vida lo llamaban así, con más respeto, a causa de que tenía el grado de Doctor . Estudia en París, así se lo ha ordenado su superior y allí conoce a San Alberto Magno. Luego viaja a Colonia a estudiar precisamente con el mismo San Alberto Magno (también doctor de la iglesia, es el patrono de los científicos, pues también fue un alquimista de renombre) que era conocido además por sus conocimientos casi que enciclopédicos y la capacidad de síntesis que tenía, de él aprende a ser riguroso en el razonamiento lógico y ha ser severamente objetivo.

Para cuando termina de estudiar en Colonia ya su fama como hombre sabio y docto era casi legendaria y lo quebradiza de su salud. Se cuenta que mientras tomaba un “reposo de salud” en el sur de Italia y caminaba por la playa meditando sobre el misterio de la Santísima Trinidad, en realidad nunca descansaba, de pronto se fija en algo curioso, un niño que hace continuos viajes de la orilla del mar hacia un hueco en la arena y puede observar como en cada viaje echa un poco de agua de mar en el agujero. Le pregunta el por qué lo hace y el niño le dice que para meter todo el mar en el agujero. El santo le dice que es imposible que el mar tan grande pueda entrar en un agujero tan pequeño. El niño responde: “Entonces Tomás, ¿cómo puedes imaginar que un misterio, como el de la Trinidad, tan grande como el mar entre en una cabeza tan pequeña como este agujero?” Si he de ser sincero, la historia también es contada como si fuera de San Agustín de Ipona (también doctor de la Iglesia), pero la primera vez que la escuché fue en referencia al Doctor Angelical.

Terminados sus estudios imparte lecciones durante algún tiempo en Colonia y luego se le ordena ir a París donde imparte lecciones y se hace famoso por los comentarios que hace a los trabajos de Pedro Lombardo, el Papa lo llama a Roma donde le hace consultas además de enseñar en la Curia Pontificia. Luego Tomás de Aquino viaja a París nuevamente a dar clases y lo envían luego a Nápoles con el mismo fin. Durante este tiempo ha redactado su obra más importante, pero inconclusa, La Suma Teológica (Summa Theologica). A manera de artículos y en forma muy ordenada, comenta los puntos a favor y en contra de los diversos aspectos de la doctrina católica. A decir verdad no es el único trabajo realizado en ese sentido, ni el primero pero la Iglesia Católica la tiene como la más completa y perfeccionada de todas las que se han escrito.

Es precisamente en Nápoles donde decide no continuarla ya que en una de sus meditaciones contemplativas adquiere la certeza de que sus escritos no reflejaban adecuadamente los misterios divinos. Es llamado a participar en el Concilio de Lyon pero muere en el camino, poco se sabe de la causa de su muerte. Recuerdo que cuando joven se le colocaba como el segundo hombre más inteligente de la historia, hoy por hoy no se le menciona. También he leído algunos de sus escritos y nunca me parecieron tan difíciles de entender, el problema que encontré es el vocabulario usado, que es muy amplio y utiliza con sutileza diferencias en términos que usualmente son sinónimos, por ejemplo los términos deseo y querer pueden considerarse sinónimos, amor y querer también pero hay una marcada diferencia entre deseo y amor. Las diferencias sutiles, que la mayoría no usamos en lenguaje cotidiano, son muy necesarias para entender el lenguaje de Santo Tomás de Aquino.

Por lo demás se le achaca que sus opiniones son prácticamente idénticas a las de San Alberto Magno y Pedro Lombardo pero con una estructura más ordenada. Sin embargo, si a comparaciones nos remitimos, las obras de San Alberto se cuentan entre 45 y 50 abarcando 21 volúmenes (en la Edad Media) a lo largo de unos 60 años de trabajo. Santo Tomás de Aquino tiene más o menos de 25 a 30 obras redactadas en unos 30 años y abarcan más de 25 volúmenes, además según los entendidos, si bien las opiniones son idénticas, el desarrollo y explicación de las mismas es muy diferentes. Estamos hablando de grandes genios pero es innegable lo brillante de Santo Tomás de Aquino. El tomismo, como se denomina a su sistema filosófico y teológico, es tan sólido y objetivo que no admite medias tintas: un filósofo es tomista o no y esto en una sociedad donde abundan las medias tintas y los “claroscuros” resulta chocante, muchos filósofos de la época lo vieron así y dejaron a un lado el tomismo pero el tiempo le ha dado la razón y estamos viendo un renacer del tomismo a partir de finales del siglo XIX y principios del XX sobre todo para la Iglesia Católica y en la objetividad que reclama el trabajo científico moderno, aunque a muchos no les convence.

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