Qué son los celos ?

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En latín el término “zelus” quiere decir “ardor” y en griego “zelos” se traduce “hervir”. La mayoría de las personas usan este término en plural (hablamos de los "celos"), pero también se puede usar en singular. En singular se habla de un sentimiento muy intenso que hace que las personas hagan cosas buenas como cuando decimos que alguien hizo tal o cual cosa “con mucho celo”. En un sentido muy similar se menciona al “celo de Dios” para expresar el amor que Él siente por nosotros o “el celo por Dios” cuando una persona tiene un amor muy intenso hacia él.

También en ese mismo marco se dice del amor que muchos santos tenían por sus prójimos y a manera de ejemplo se hablaba del “celo por sus alumnos” que tenía San Juan Bosco (Don Bosco como le llaman de cariño). Aunque parezca un poco fuera de sitio, en veterinaria se dice que una hembra de cualquier animal “ha entrado en celo” si ha empezado la parte del ciclo reproductivo donde es más posible preñarla. Todavía en singular se puede referir al disfrute egoísta que algunos tienen por ciertos objetos por ejemplo el “celo por el dinero” que tienen las personas avarientas o el “celo por sus libros” que tienen ciertos coleccionistas de antigüedades o de algún tipo de literatura.

Me explicaré un poco mejor en este caso, el “celo” se da aquí cuando la persona no desea que otros disfruten de su “posesión más valiosa” o de nada de lo que le pertenece. Cuando se usa en plural se entiende que una persona tiene la sospecha o inquietud que su ser amado ya no le corresponde. Una persona “con celos” lo único que manifiesta es una inseguridad de su amor por la “amada” o “amado” que la mayor parte de las veces con un simple diálogo sincero se arregla, en algunos caso en un tribunal de divorcios (aunque parezca un poco en broma pero a veces los celos están justificados).

Sin embargo puede tornarse como algo enfermizo si llega a un grado “superlativo” y en este caso ya no es un inseguridad lo que se expresa, más bien es un egoísmo como el que describíamos antes, pues el ser amado ya no es una persona, es ante todo una posesión. En este sentido es cuando se cometen esos abusos y agresiones por celos que caracterizan las relaciones de poder tan enfermizas que muchas parejas viven. El agresor (hombre o mujer) envuelve a su pareja en una espiral de violencia que no tiene otro sentido que la destrucción de esa “posesión” en que se ha convertido la pareja para él y que así ya nadie más la podrá tener.

En estos casos la única solución posible es alejarse del agresor ya que con este tipo de personas el diálogo no funciona y en esto el refrán español: “más vale que digan aquí corrió que no aquí murió” no puede ser más cierto, un amigo mío decía “ los héroes pocas veces cuentan su historia mientras que los cobardes siempre pueden pedir perdón”. Muchas mujeres son como santa Juana de Arco (perdonen si les parece un estereotipo), tratan de salvar al “Delfín” y pagan con su vida. Muchos hombres también pasan por algo parecido. En fin hay que salir de la espiral de violencia, que justamente muchos llaman el “demonio de los celos”, aunque esto implique recurrir a las autoridades.

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