Qué es una necrópolis ?

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El origen de la palabra ya nos dice mucho: “necros” viene del griego y significa muerto; luego viene “polis” que significa ciudad; en total la necrópolis es una “ciudad de muertos” o como diríamos en una forma un poco coloquial: “ciudad de difuntos”. Pues bien, alguien dirá: ¿no es mejor decir: cementerio? En algunos casos sí mas en otros no sería para nada apropiado, además, siguiendo el criterio del diccionario de la Real Academia Española que una “necrópolis” es un cementerio de grandes proporciones, mayores a lo usual, y allí está el problema, hoy día los cementerios son muy grandes pues las poblaciones así lo requieren. Tampoco hay un impedimento real, de aplicar el término a cualquier cementerio. Ahora bien los griegos acuñan el término para dar nombre a los enormes monumentos funerarios que no solo ellos construían, sino que observaron en Egipto y Mesopotamia y que eran más antiguos que los propios. Razón de más para llamar a los cementerios modernos necrópolis pues también estás llenos de monumentos funerarios, y en mi humilde opinión, la mayoría resultan un poco menos fastuosos que los de la antigüedad, pero no dejan de ser monumentos grandes.

Si hay algo que ha caracterizado a todo el quehacer humano es precisamente lo complejo de los ritos funerarios que tenemos, el respeto que hay por los muertos y la muerte misma. Nadie sabe el porqué de estas creencias pero desde los tiempos más antiguos se han encontrado tumbas donde se pueden encontrar objetos y muestras de aprecio por el difunto tal lo demuestra una tumba del neolítico donde se encontraron los restos de una anciana recostada de medio lado, en posición fetal con muchos objetos a su alrededor y hasta un perro sobre el que posa su mano, como si fuera un gesto de acariciarlo.

En la medida en que el ser humano se empezó a asentar surge el problema de que los muertos no podían enterrarse dentro de los propios asentamientos humanos y así es como nace la práctica de hacer tumbas en las afueras de los mismos. Es de suponer que al crecer las ciudades estas tumbas dispersas empezaron a impedir el crecimiento de los asentamientos entonces es probable que se decidiera colocar todas en un mismo sitio para así evitar que los poblados mismos profanasen las tumbas al crecer, así debió ser la manera en que los cementerios nacen. Esto no dará origen a los cementerios propiamente dichos, sino a que los muertos sean enterrados cerca de los caminos que dan acceso a las ciudades, en primer lugar porque así hay acceso a las tumbas de los antepasados, debemos recordar que hay gran veneración por los difuntos, y porque no habría que viajar mucho con cuerpos putrefactos. Y es la putrefacción es lo que genera el gran auge de las necrópolis antiguas. Por la razón que sea se fomenta el preservar los cuerpos de las personas que fallecen y entonces se hace necesario tener un lugar donde “reposen para la eternidad”. Así nacen las verdaderas necrópolis, monumentos funerarios de uno o muchos personajes importantes. En el “Valle de los Reyes” en Egipto, se crea la más famosa de todas para evitar que los ladrones de tumbas roben los tesoros con que es honran a los muertos, aunque precisamente lo aislado del lugar permitió un saqueo más “concienzudo” y hasta la fecha son poquísimas las tumbas que han quedado intactas, como diría una amiga mía que ya ha muerto: “ni en la tumba tiene uno paz”. Para los griegos debieron verse como verdaderas ciudades en el medio de la nada donde el silencio contrastaba con el bullicio de las ciudades habitadas por los vivos.

En América también hay algunas ciudades de los muertos destacándose la que pertenece a la “Cultura de San Agustín” en Colombia. Para finalizar diré que durante la Edad Media los cementerios no se consideraron tan importantes como en la antigüedad y había muchas razones prácticas para ello: las plagas y las terribles guerras asolaban a todo el planeta no daban tregua no había más que una prioridad: enterrarlos y con urgencia; los nobles no necesitaban mausoleos fastuosos porque eran enterrados en las criptas que incorporaban a capillas e iglesias, sin embargo en muchos casos estas criptas estaban bellamente ornamentadas, muy propio del estilo gótico de la época.

Con el siglo XIX, a partir de la era victoriana, vuelven a construirse enormes complejos funerarios, sobre todo para ensalzar la “superioridad” de la cultura europea y su poder sobre el resto del mundo; mentalidad que terminará con la Segunda Guerra Mundial, o al menos eso esperamos. Los monumentos funerarios se vuelven un poco más modestos dada la mentalidad práctica que la sociedad de mediados y finales del siglo veinte, con lo que se descarta por supuesto hoy en día la idea de una auténtica "necrópolis", pero el tamaño de los cementerios se vuelve descomunal, dada la cantidad de personas que habitan hoy día el planeta. Nada es eterno, ni siquiera los monumentos como las pirámides de Egipto, lo que nos acerca un poco a la inmortalidad no son las cosas que hacemos, es la herencia genética que pasa de una generación a otra en nuestros hijos.

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