Qué es un macrófago ?

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El término se deriva de dos palabras griegas: “macro” que significa “grande” y “fago” que traduciríamos como “el que come”. Literalmente macrófago quiere decir “el que come mucho” o “glotón” (decíamos a manera jocosa en mis tiempos de universidad) y se viene usando desde más o menos la década de los 20 en el siglo XX . Los estudios que permiten descubrirlos datan de unos diez años antes y se relacionan con el sistema inmunológico, de hecho se los llamó glóblulos blancos por su forma semejante a la de un globo. Más tarde se hará una diferencia entre un leucocito y un macrófago, pues ambos son considerados como glóbulos blancos.

El sistema inmune tiene cuatro células especializadas: los linfocitos, los macrófagos, las células dentríticas y los leucositos, claro que habría que decir que cada uno de esos tipos se puede subdividir en otros grupos o tipos más. Los macrófagos tienen la particular función de ser la primera defensa del cuerpo (en cuanto al sistema inmune). Se forman a partir de los monocitos (un tipo de leucocito) en la médula ósea. A decir verdad los monocitos originan a varios tipos de células llamadas fagocitos que realizan una función similar a la de los macrófagos pero a escala menor y mucho más especializada; y como es de suponer muchos especialistas clasifican a los macrófagos como fagocitos, con toda razón, pero debido a su importancia otros los clasifican por aparte.

Una vez formados entran al torrente sanguíneo y detectan cualquier organismo o sustancia extraña al cuerpo que se encuentre en el torrente sanguíneo y por medio de una fagocitosis (de allí el origen del nombre) la ingieren. Una vez ingerida la sustancia o microorganismo es digerida en la misma vacuola que se forma durante la fagocitosis usando las encimas que poseen los lisosomas. Las proteínas obtenidas son llevadas a la membrana celular de los macrófagos y allí los linfocitos “aprenden a reconocerlas”. Estas proteínas que el cuerpo usa para reconocer objetos extraños se denominan antígenos y las proteínas que permiten reconocerlos se denominan anticuerpos.

De esta manera los anticuerpos “marcan” los cuerpos extraños para que los linfocitos los puedan reconocer más rápidamente y con ello atraer a los macrófagos para que el círculo vuelva a empezar, con esto el sistema inmune crea un proceso que se retroalimenta creando un efecto de “bola de nieve” entre más objetos extraños encuentra más antígenos encontrará, más anticuerpos, más linfocitos y por último más macrófagos.

Esta manera tan simple de explicar tiene también sus variantes y sus problemas, como por ejemplo las enfermedades del sistema inmunitario, en particular, las enfermedades autoinmunes. Por alguna razón, hay ciertas enfermedades donde los macrófagos atacan células sanas y entonces marcan proteínas sanas como si fueran antígenos desatando con ello el efecto de bola de nieve pero contra un tejido en particular del cuerpo y no contra agentes infecciosos. Hasta ahora la empírica es la que permitido encontrar en muchos casos tratamientos adecuados, sobre todo cuando se ha encontrado mejoría al medicar otros padecimientos.

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