Qué es el sexting ?

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Aunque muchas personas escriben “sextin” en realidad este anglicismo debe escribirse como “sexting” y resulta de la unión o contracción de dos palabras “sex” o “sexo” y “texting”. Por simple etimología deducimos que se trata de la mensajería de texto que tiene contenido sexual pues “texting” es como los angloparlantes denominan de manera coloquial a la acción de estar enviando mensajes de texto constantemente. La diferencia con los mensajes multimedia es que uno puede enviar archivos adjuntos como sonidos o imágenes y esto hace que en la literatura encontremos dos tendencias debido precisamente a la naturaleza de los mensajes de texto y de multimedia. En la primera se considera que es lo mismo enviar mensajes de texto tipo SMS, similares o multimedia y en la segunda se considera “sexting” solo los mensajes de texto y pornografía a los que son multimedia.

Como hay una ligera línea entre escribir “cosas indecorosas” y la pornografía como tal no estoy seguro de querer separarlas, la razón es más que simple: veamos el caso del libro llamado “Decamerón” de Giovanni Boccaccio que aunque habla de temas indecorosos se le considera literatura como tal pero si encontramos que un editorial se le ocurre ilustrarlo podría ser considerado pornografía dependiendo del tipo de ilustraciones, igual ocurre con otros libros similares como el “Kamasutra” o los escritos por Donatien Alphonse François marquéz de Sade. Sin embargo es algo definitivo: no me gustaría ver en manos de un menor de edad ninguno de esos libros, ilustrado o no. Algo similar me ocurre con la “mensajería con contenido sexual” o sexting: no parece apropiado que menores de edad se enviaran ese tipo de mensajes.

Muchos dicen que hay antecedentes hasta más o menos por el año 2004 que es cuando se le dedican algunos estudios pero en lo personal encuentro verdaderos antecedentes en muchas formas de comunicación además de los libros mencionados. No son pocos los escándalos que se produjeron durante la época Victoriana debido a cartas “indecorosas” escritas por damas y señoritas educadas en “sociedad” y en muchos casos la publicación de tales documentos llevó al suicidio de tales damas. También se cuentan algunos casos de hombres pero debemos recordar que la sociedad Victoriana era muy machista y entonces se tendía a pasar por alto esto salvo en casos en que se involucraba la homosexualidad lo que también incluye un índice de suicidios similar al de las mujeres en los hombres afectados. Quiero hacer énfasis en que las cartas en aquella época eran un medio de comunicación que ellos veían tal como nosotros vemos los mensajes de texto o los correos electrónicos, aunque hay un parecido mayor entre los telegramas y los mensajes de texto salvo por el hecho de que el telegrama contenía información que podría ser leída por cada telegrafista que lo retransmitiera y resultaba muy poco privado, razón que me hace pensar que sería poco deseable su uso para transmitir mensajes “indecorosos”.

Durante el siglo veinte me parece que no cambiaría mucho este ambiente, salvo que el lenguaje “indecoroso” en las damas se empezaría a ver con un poco más de “ligereza” o tolerancia. Supongo que las llamadas telefónicas entre amantes tampoco serían tomadas en cuenta hasta que aparecieron los primeros servicios de pago por “sexo telefónico” que se hicieron populares por los años ochenta del siglo pasado. Igualmente la publicación de tales conversaciones resultaron en no pocas desgracias. Hay un antecedente relacionado con una forma anterior al sexting que me tocó ver hace ya sus años, cuando trabajaba en una empresa que tenía una computadora central o “mainframe”, pues uno podía enviar mensajes entre las diversas terminales y recuerdo como una pareja solía enviarse mensajes “amorosos” pero para nada indecorosos y usaban abreviaciones para lo que ellos pensaban que no debía ser leído por el operador, que en cualquier momento podía imprimir un “historial” de lo hecho en el día y “pillarlos”; supongo que no serían los únicos que lo harían.

Como suele ocurrir con temas así la literatura que se encuentra se basa principalmente en páginas web pues los estudios escritos son pocos precisamente porque se considera como un fenómeno “nuevo” que se da gracias a la tecnología moderna y como me parece he demostrado con cierta solidez en realidad es más viejo de lo que se cree. También hay cierta duda sobre la metodología que se ha usado para realizar estos estudios pero a decir verdad son pocos los mismos que se realizan tan minuciosamente que no se les pueda achacar algún defecto. Lo que es cierto es un porcentaje muy grande de jóvenes y niños han intercambiado mensajes de contenido sexual, incluyendo los multimedia y si se analiza con cuidado casi en su totalidad lo hacen por pura ignorancia. No es que en sí la curiosidad que el joven y el niño tengan sobre su cuerpo sea “mala” o dañina.

El problema es que tratan de informarse con la persona equivocada, generalmente otro niño o adolescente que probablemente sea aún más ignorante o que esté mal informado, lo cual ya es peor. También puede darse el caso que le pregunten a un adulto de su confianza, y todos sabemos que ya es difícil algo así, que resulta ser algún depravado. Ahora bien, y esto va tanto a padres como a jóvenes y niños, el derecho de la privacidad de una persona, en mi opinión muy personal, tiene un límite: la seguridad de la misma y de sus allegados. Es aquello de que los “derechos de una persona terminan donde empiezan los de los demás” y todos debemos estar claro en ello. Los jóvenes pueden ser todo lo “egoístas” que quieran mientras no lesionen los derechos de sus padres, incluyendo mucha información que suelen escatimar. Por ejemplo con quién se relacionan y muchas veces esto implica que deban revisar su correspondencia. Yo sé que eso les parecerá a los jóvenes que es meterse en su privacidad y es cierto pero creo con firmeza que la “privacidad” no se viola si los padres no andan diciendo a todo el mundo lo que han leído.

Deben entender que un poco de “censura” no es dañina pero también su exceso. Es mil veces preferible enseñarle a un padre de familia un mensaje indecoroso recibido de un extraño o un “mal amigo” (palabra que casi no se usa hoy día pero que no puede tener mejor contexto) que correr el riesgo de caer en las manos de un abusador y para ser sincero se necesita la misma cantidad de valor para una u otra cosa. Si uno tiene una puerta cerrada en ese sentido siempre existen las autoridades competentes para ello y recuerden, hasta la autoridad competente es supervisada por alguien, así que es cuestión de tocar otra puerta si uno tiene algo de mala suerte. Este problema está muy ligado al de la pornografía y la desinformación que ésta siguiere en las mentes de las personas por lo que siempre diré que es mejor que los padres busquen una relación franca con sus hijos y si es mucha la curiosidad muestren lo que es la pornografía y el sexting: una deformación de la realidad a la que los adultos tienen acceso “informado” porque distinguen la fantasía de la verdad y quienes no lo hacen es porque tienen algún problema en su educación o en su salud.

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