Qué es el complejo Frankestein ?

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El término fue acuñado por el gran escritor y científico doctor Isaac Asimov. Asimov se interesó mucho por el comportamiento del ser humano ante los avances científicos y sus relatos sobre ciencia ficción lo convirtieron en uno de los autores más leídos de su tiempo. En la famosa la película “Yo, Robot”, basada en el relato homónimo de Isaac Asimov, el personaje principal expone un caso bastante agudo del “Complejo Frankestein”. En sí el nombre hace referencia a otra obra literaria: la novela de Mary W. Shelly “Frankestein o El Prometeo Moderno”.

En ella, Víctor Frankestein logra crear vida, un ser humano artificial, a partir de los cuerpos de personas ya muertas. Después de la fascinación que el científico experimenta por su creación, se da cuenta de que es un monstruo, algo que nadie admitirá como humano y se establece un conflicto entre creador y criatura, el primero que tiene miedo de su creación y el segundo lleno de rencor por el rechazo que experimenta; el conflicto termina con la muerte de Víctor Frankestein. Ese temor a aquello que es un humano artificial es lo que se conoce como “Complejo Frankestein” y es lo que Asimov quiere analicemos en sus obras.

No se si a raíz de estas preocupaciones de Asimov pero parecen muy ligadas a ellas existen varios estudios, de los cuales hay uno muy interesante desarrollado por el profesor Masahiro Mori, experto en robótica. Él acuñó el término “Teoría del valle inquietante” en referencia a la “Psicología de lo Inquietante” un ensayo de principios del siglo XX. La teoría se basa en un estudio que Mori realiza sobre la respuesta emocional que una persona puede tener frente a un robot.

Según Mori la persona siente más simpatía por el robot entre más este se parezca a un ser humano real, es decir que si pudiera realizar una gráfica entre la simpatía que despierta el robot en las personas en función a su parecido con una persona real la gráfica sería ascendente hasta un momento en que el parecido provoca un rechazo en las personas, entonces la gráfica desciende bruscamente y entra en un “valle”, de allí el término “valle inquietante”. Luego la gráfica vuelve a ascender como lo hacía previamente, es decir las personas vuelven a sentirse cómodas con el parecido del robot a una persona.

Las explicaciones para esta desconfianza ante un ente “casi humano” son tan válidas para la teoría del valle inquietante como para el complejo de Frankestein y son muchas. Por ejemplo diremos que una de las más populares es la que dice que la influencia de la creencia religiosa, donde la identidad del ser humano y su relación con Dios son tales que son únicas y cualquier cosa que se parezca demasiado a un humano sería como una violación a ambas y los preceptos divinos; recordemos lo sensibles que son tales religiones en cuanto a las imágenes y figuras humanas.

Otra dice que tenemos un mecanismo natural en la selección de parejas que descarta aquellas que son poco saludables, poco fértiles o que a la vista no parecen ser lo adecuadas para uno, lo cual se manifiesta de alguna manera en un robot cuyo parecido es “casi” humano, hasta se habla de la falta de respuestas hormonales por parte de la máquina. Un estudio reciente manifiesta que las personas se sienten atraídas por los robot que de alguna manera las imitan mejor, que si no pueden imitarles en sus gestos y emociones provocan aversión y lo más interesante es que esa respuesta es idéntica con respeto a otras personas.

Aunque me he valido de la teoría del valle inquietante para explicar un poco el por qué del complejo de Frankestein, la verdad son dos cosas muy diferentes. Una cosa es el miedo a las cosas animadas y las imágenes y otra es el miedo a las creaciones que pueden volverse en contra de uno.

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